Especiales Vicepresidencia

Discurso

Palabras de la Vicepresidente de la República, Marta Lucía Ramírez en la conmemoración del Desfile Triunfal de Simón Bolívar y su Ejército.

Plaza de Bolívar. Bogotá, 18 de septiembre de 2019

Un saludo muy especial a Danna Sánchez, Ilse Juliana Salamanca y Juan Carlos Pasachova, alumnos del colegio San Bartolomé que nos han maravillado con su expresión sincera, con su expresión auténtica, con su expresión de los mejores ciudadanos sobre lo que debe ser este compromiso de la juventud con el futuro de Colombia.

Saludo a todo los niños y a los jóvenes que integran las distintas bandas que nos acompañan hoy, al igual que a todas sus familias, a las madres y padres de familia que están acompañando a sus hijos, que hacen parte de estas bandas maravillosas, cada una extraordinaria en su interpretación tanto de las marchas como en las distintas melodías que han interpretado.

Un saludo muy afectuoso a los rectores, a los directores de las bandas de los colegios San Bartolomé; Almirante Padilla; Simón Bolívar; Gimnasio Campestre; Liceo Social Compartir; José Joaquín Casas; José Antonio Galán; Gimnasio Moderno; Justiniano Quiñonez, José Acevedo y Gómez; José Inocencio Chincá; a la banda del Batallón Guardia Presidencial, a todos los oficiales y suboficiales de las distintas fuerzas; a todos los generales retirados, a tanta gente que ha hecho historia y ha ayudado a escribir páginas muy valiosas de la historia de Colombia.

Al doctor David Rubio, Presidente del Colegio Máximo de las Academias que nos ha acompañado en recuperar tantos apartes de la historia, y que nos está entregando hoy este libro donde recuerda cómo fue la celebración de este triunfo, con esa entrada del general Bolívar, esa imposición de la corona de laurel.

A la Sociedad Geográfica de Colombia, también agradecerle por esta impresionante exposición sobre la historia de los mapas y la geografía de Colombia, que a partir de hoy está a disposición de todos los bogotanos, de los colombianos y de los extranjeros que nos visitan en la Plaza Camilo Torres; a la Curia, nuestro agradecimiento por reabrir esa fascinante Iglesia de San Ignacio, que luego de 15 años -me comentaba ahora nuestro viceministro de Cultura, el doctor José Ignacio Argote- de estar en un proceso de restauración, hoy luce tan bella como la Capilla Sixtina, y allí vamos a encontrarnos en un rato en el Te Deum, para recordar también el Te Deum de celebración hace 200 años.

Un saludo lleno de cariño y admiración desde aquí al grupo de actores de Andrés Carne de Res por esa representación majestuosa que nos han hecho de la época, por ese desfile, por ese llamativo  rol que hicieron todos los pregoneros; también a los artistas del Centro de Memoria Histórica Toquencipe por tan viva instalación artística que ubicaron en el Palacio de Justicia con esculturas que representan la diversidad en la independencia.

A la alcaldía de Bogotá por ese cuadro monumental que vemos hoy aquí en la fachada del Palacio Liévano, la Secretaria de Cultura, la doctora María Claudia nos recordó tantas obras y no mencionó también esa maravilla que vemos hoy en este cuadro del Palacio. Nuestra gratitud al alcalde Enrique Peñalosa, a todo su equipo en el gabinete distrital por recuperar con tanto empeño los monumentos de esta ciudad, por  trabajar en colaboración con los vecinos de la Plaza de Bolívar, por ayudarnos a rescatar y a mantener el patrimonio de la capital de los colombianos que es Bogotá; esta no es la ciudad de los bogotanos, esta es la ciudad de todos los colombianos.

Nuestro agradecimiento al Ejército Nacional, a la Policía Nacional por mantener vivo este espíritu de conmemoración del Bicentenario que el Presidente Iván Duque y todo nuestro gobierno ha querido que sea una conmemoración que nos permita hacer otra vez un recorrido por la historia. Y por eso comenzamos desde diciembre pasado, y hemos recorrido mes a mes cada uno de aquellos sitios emblemáticos por donde pasó la gesta libertadora y hemos recordado en los distintos municipios cuál fue el aporte que cada uno de los ciudadanos en Arauca, Santander, Boyacá y Cundinamarca, hicieron para hacer posible el triunfo del 7 de agosto que nos dio esa independencia definitiva.

Nosotros, queridos compatriotas, somos ciudadanos del Bicentenario y ello significa; primero, tener el orgullo de reconocer cuánto hicieron nuestros antecesores para permitirnos a nosotros estar hoy aquí, celebrar hoy la independencia, celebrar lo que significa la libertad, pero también además de ese orgullo, tenemos que entender que nuestra ciudadanía significa responsabilidad. Es el momento de sentirnos más colombianos que nunca, y eso significa también el esfuerzo de ser excepcionales, de ser mejores en todo lo que hagamos, es el momento de dejar atrás tantos cuentos que nos quieren echar sobre un país que tiene solamente dificultades y más bien dedicarnos, todos, a construir ese país que anhelamos. Hay que construirlo a pulso, tenemos que construirlo entre todos, y por esa razón hoy estamos acá exaltando las virtudes republicanas y llamando a todos nuestros ciudadanos para desterrar los vicios que ha tenido nuestra sociedad y que nos han mantenido muchas veces alejados de las virtudes, de los valores, de tantas cosas buenas que también distingue esa esencia colombiana.

Hoy estamos parados frente a nuestro propio espejo como nación, con la oportunidad de hacer un análisis crítico del pasado, para corregir los errores que hemos tenido en el pasado, errores como la exclusión social, la pobreza de tantos, la corrupción, el narcotráfico, que permitimos en esta sociedad con tanta indolencia durante años, errores que han costado mucho dolor a familias colombianas sin distingo de condición social, porque todos hemos sufrido por cuenta de esos errores del pasado.

Pero tenemos hoy que pararnos en el presente -como decían nuestros  jóvenes- y entender que esta generación del presente en la cual coincidimos distintas edades, distintas épocas, en esta generación presente tenemos que construir ese país del futuro, que nos permita catapultar nuestro bienestar colectivo; que nos permita a todos, con nuestro esfuerzo, con nuestra voluntad, construir ese país de la legalidad, del emprendimiento, de la equidad, porque si somos un país donde todos los ciudadanos, tal como nos ha invitado el Presidente Iván Duque, entendemos que hay que cumplir la ley, las normas, respetar al otro, si somos un país donde cada joven y cada mujer puede ser un emprendedor exitoso en cualquier campo del desarrollo empresarial, vamos a hacer un país que corrija ese defecto de la desigualdad y le vamos a dar oportunidades a todos de tener mayor bienestar social y económico. Y por eso debemos entender que ese cambio tenemos que hacerlo con un sentido colectivo, no individualista y egoísta que muchos momentos ha tenido nuestra nación.

Hoy hace 200 años en este mismo sitio, con un desfile triunfal, majestuoso, tan majestuosas como nuestras bandas de los distintos colegios, los habitantes de Santafe, honraban con gratitud y con gloria, al libertador Bolívar, a los generales Anzoátegui, Santander, al Batallón Rifles porque habían alcanzado la batalla de Boyacá,  un éxito definitivo e irreversible, nos dieron la independencia y esa independencia llegó con el sonar de los tambores, con una gesta militar, pero también con el apoyo de gentes del común, de distintas raíces, que a lo largo de toda la ruta libertadora salieron a apoyar la tarea de esos soldados.

Hoy 200 años después nos queda preguntarnos qué hemos hecho por la libertad que le costó la vida a tantos, cómo estamos utilizando nuestra libertad, tenemos que entender que a partir de esa batalla memorable, los ciudadanos de entonces, entendieron que no era solamente un momento para celebrar, sino era un momento para construir y se dedicaron todos a construir las instituciones que han forjado nuestra república, se dedicaron, ellos todos, a ayudar al libertador y a sus soldados a construir una ciudadanía, unas instituciones y unas ramas del poder público que han permitido a Colombia ser una de las primeras repúblicas en el mundo y más sólidas democracias.

Nosotros que somos tan dados, muchas veces, a desconocer  el valor de lo propio, tenemos que caer en cuenta, por ejemplo, de algo que conversaba el día de ayer con el Ministro de Educación de Francia, Jean Michel Blanquer, que vino a Cartagena a acompañarnos en la Cumbre de la Misión de Sabios, -y le decía al ministro- cómo el mundo entero reconoce en Francia esos valores de la libertad, la igualdad, la fraternidad que caracterizaron esa Revolución Francesa, que fue una revolución social, una revolución política y en 1789 cuando se dio esa Revolución Francesa el mundo entero admiró y acompañó esas ideas de libertad, igualdad y de fraternidad. Pero acá en Colombia desconocemos que esas mismas ideas de libertad, igualdad y fraternidad las habían expresado nuestros comuneros; esos comuneros que en 1781 en Santander, también nos hablaron de la necesidad de tener un país de iguales, donde no hubiera esclavos, donde todos pudieramos alcanzar esas condiciones de iguales, libres y un espíritu de fraternidad.

Tenemos que entender que nosotros hoy tenemos la oportunidad de dibujar ese nuevo país, ese país que todos anhelamos, un país seguro, justo, educado, emprendedor e incluyente porque ese es el país que nos va a dar la paz verdadera que todos anhelamos. Ese país tenemos que construirlo entre todos, así como la gesta de la independencia significó todo un proceso iniciado en 1781, con esa insurrección comunera, el país del tercer centenario tiene que significar también el resultado de un proceso que tenemos que iniciar hoy y ahora, buscar la unión de los colombianos, fortaleciendo nuestras instituciones, garantizando el cumplimiento de la ley, esa frase maravillosa que está escrita en el Palacio de Justicia donde dice: “colombianos si las armas nos han dado la independencia sólo las leyes nos darán la libertad”, tiene un gran significado, no son las leyes que están escritas, son las leyes que cumplimos, son las leyes que tienen que convertirse en la cotidianeidad de todos los colombianos, y por eso la Colombia del tercer centenario tiene que ser el proceso de construcción colectiva, en donde cada uno de nosotros aporte siendo mejores ciudadanos, convirtiendo muchísimos de nuestros jóvenes en verdaderos empresarios, generando empleos, riqueza, brindándoles oportunidades al campo colombiano, convirtiendo a cada campesino en un pequeño o gran empresario que transforme los productos del campo, que venda productos  que tengan un valor agregado, porque solamente así vamos a poder cerrar esa brecha de desigualdad que hay en Colombia y que hay entre nuestras distintas regiones.

La tensión del peso cultural de 300 años de vida colonial, después de 300 años de colonialismo, nuestros héroes se decidieron a lograr esa libertad. Y esa Nueva Granada, con ese espíritu del libertador, empezó todo un proceso de cambio institucional y cultural, nosotros hoy, ubicándonos en esa época, debemos entender que más que actos de honores, tenemos que celebrar hoy ese espíritu de libertad y entender que la libertad nos permite a nosotros hoy optar por el camino que escojamos, el camino de la desigualdad, de la polarización, de la corrupción y el narcotráfico no son una opción para Colombia, la única opción para Colombia es el camino de la legalidad, de la igualdad, de la construcción colectiva, del emprendimiento, el camino de todos los jóvenes de Colombia accediendo a una educación de calidad, a una educación superior, que la educación superior no se una excepción ni una rareza en nuestra sociedad.

El Presidente Iván Duque es el presidente que más presupuesto le ha asignado a la educación superior, nuestras universidades públicas hoy tienen más recursos que nunca para fortalecer su nómina de profesores, sus instalaciones, su laboratorio de investigación, pero también nuestro gobierno está trabajando para que a través de la educación digital no haya un solo joven de Colombia, ni una sola mujer, ni un solo ciudadano que se quede marginado del conocimiento.

Nosotros tenemos que entender que la construcción de este país, así como hicieron Bolívar y Santander, los generales y todos los soldados de la época, nosotros también tenemos que tener posiciones disruptivas, llegó el momento de tratarnos como iguales, llegó el momento  en que aquí sin distinción de clases sociales, tomemos la decisión de progresar juntos para el progreso y para el provecho de todos los colombianos; ellos hicieron una arquitectura institucional que tomó forma en el Congreso de Angostura,  que instaló el general Bolívar -aquí mismo lo celebramos también en febrero 19 de este año- ese Congreso de Angostura que dio lugar a la ley fundamental, que nos vamos a reunir también en diciembre para conmemorar esa ley, pero gracias a toda esa creación institucional, Colombia, posteriormente en 1821, tuvo la Constitución de La Villa del Rosario de Cúcuta una de las primeras constituciones de América Latina. Y vemos nosotros que el legado que recibimos fue mucho más que el resultado de una batalla militar, fue un legado de construcción de instituciones, de construcción de una sociedad y nosotros tenemos el deber de pararnos sobre los hombros de todos ellos, porque los hombros de esos gigantes que se unieron para darnos la libertad, indígenas, afros,  mujeres, extranjeros, también a través de la legión Británica, todos ellos fueron gigantes que nos dieron la libertad.

Nosotros no podemos ser inferiores, el legado nuestro a los ciudadanos del tercer centenario tiene que ser un país grande, rico, próspero, de gente honesta, un país que rompa para siempre las cadenas de la pobreza y que rompa para siempre la tolerancia con las zonas grises de la ilegalidad, de la corrupción, del narcotráfico que tantos sufrimientos nos ha costado. 

Además de las reflexiones sobre la institucionalidad, tenemos que tener en cuenta que Colombia debe recordar mucho más de dónde venimos, en algún momento que no tenemos claro cuál fue se perdieron las clases de historia en nuestra educación; y estamos recuperándola hoy.  Nos sorprende cada vez más tantos niños y jóvenes que se aproximan a nosotros en cada municipio, diciendo: yo quiero ser la persona que hablé antes los jóvenes para hacer la interpretación de qué significa en el presente esa gesta libertadora de hace 200 años, cada uno de estos jóvenes como Juan Carlos, como Ilse Juliana, como Dana,  Valentina, como David que nos acompañaron el 7 de agosto, sin duda van tomando todos los días esta bandera de hacernos reconocer a los colombianos en tantas cosas buenas de nuestra historia, pero también para llamarnos la atención y decirnos: aquí tenemos hoy que hacer una nueva gesta libertadora, liberarnos del matoneo, de la ilegalidad, del acoso a las niñas en los Colegios, en las universidades, liberarnos de la corrupción, de las injusticias sociales, del facilismo, de la trampa en los exámenes, liberarnos de tanta tolerancia que ha tenido nuestra sociedad y que tanto daño nos ha hecho.

También es el momento de liberarnos de las actitudes de aquellos que con una pretendida superioridad moral pretenden justificar su comportamiento tóxico, dañino, sínico,  sembrando el odio y discordia entre los colombianos, haciéndonos creer todos los días desde muy temprano en la mañana, que en este país nada sirve, haciéndonos creer que todos somos malos, que la economía está mal, que los empresarios son malos, que todos los colombianos estamos mal, que todos los funcionarios somos corruptos, que todos los partidos hacen daño, que todas las instituciones están dañadas; esas personas de la toxicidad no son las personas que quieren el bien a Colombia, tenemos que reconocer que hay muchas cosas para mejorar en Colombia, para mejorar desde adentro de las instituciones; aquellos que todos los días están atacando, aquellos que jamás proponen nada concreto, positivo, aquellos que jamás escriben una línea sobre lo bueno que puede hacer Colombia, aquellos que todos los días tratan de mostrarnos que el Ejército tampoco merece la confianza, que la Policía tampoco, ellos sí son los verdaderos enemigos de Colombia.

Nosotros tenemos que combatir a los corruptos, al narcotráfico, a cualquier grupo ilegal y también combatir esa actitud de los que nos quieren quitar la esperanza, la voluntad  de trabajar por Colombia y luchar por esa Colombia posible, por esa Colombia que recoja lo mejor de nuestra colombianidad, por esa Colombia que construye a partir de la creatividad de nuestros artistas, de la cultura, del desarrollo empresarial, del esfuerzo individual y colectivo de tantos colombianos, de esa Colombia que construye a partir de tantas familias sin distinción de clases, desde las familias menos pudientes, hasta las familias más prósperas que se levantan todos los días con el sueño de ver un país mejor, de trabajar mejor, de aportar para que nuestro país progrese, esos colombianos por millones que no tienen muchas veces ningún reconocimiento, que no tienen los micrófonos, que no tienen el amarillismo para estar diciéndonos que todo es malo, esos colombianos, que son millones que todos los días trabajan por el bien de Colombia, tienen que seguir siendo nuestra inspiración; así como los tres jóvenes que hoy nos han llamado a trabajar unidos, pensando lo que fue el esfuerzo de esos libertadores.

Hoy nosotros estamos aquí para definir un camino nuevo, pero hoy nosotros estamos aquí y tenemos que tomar conciencia, nosotros, ustedes los jóvenes que están acá, todos nosotros somos el pasado, somos el pasado de esos niños que van a nacer esta tarde, somos el pasado de las generaciones que vendrán, somos el pasado de los jóvenes que dentro de 100 años estarán en esta misma plaza, conmemorando el tercer centenario de la creación de esta república, de la construcción de esta Colombia libre, democrática, y ustedes y nosotros, en este pasado de todos ellos, tenemos que lograr realmente con letras mayores el legado que queremos dejar, tiene que ser, como decían ellos, un legado de valores, de principios, respeto, compromiso, voluntad y un legado de tolerancia por las diferencias, porque ni más faltaba, nunca todos vamos a ser iguales, pero es en la diferencia, en esa diversidad extraordinaria que tiene Colombia en donde tenemos nosotros una de nuestras mayores riquezas. Queremos un país justo, equitativo, sin corrupción, trabajemos todos los días por este país, desde la cotidianidad, desde el pequeño ejemplo que damos al interior de nuestros hogares, en nuestro trabajo y en nuestras actividades diarias.

Yo quiero leer algo que el doctor Rubio nos acaba de entregar en este libro de la celebración del triunfo, me encontré algo interesante y quiero compartir con ustedes una carta que le envía Pablo Murillo al ministro de Defensa español en la cual está sorprendido de lo que fue esa gesta libertadora, y el dice:  Juzgue vuestra excelencia la situación después de los sucesos del 7 de agosto y dígnese examinar qué esperanza nos queda de salvar este país para la corona cuando de un solo golpe en nuestros grandes apuros hemos perdido más de 3 mil soldados, que sin duda quieren pasarse a aumentar las filas enemigas de Bolívar, al mismo tiempo es fácil que vuestra excelencia imaginé cuáles serán los resultados de los nuevos combates que habrán de liberarse, estos prodigios y así pueden llamarse por la rapidez con que los consiguieron, fueron todos ellos obra de Bolívar y de un puñado de hombres que él fue recogiendo y que muchos desembarcaron en pueblos y provincias para formar ejércitos numerosos y para abrir este nuevo teatro en el cual se llenará de desolación nuestro país, en este momento en lugar de desolación nuestro país encontró libertad.

En este momento en lugar de pesimismo nuestro país tiene que encontrar una fuerza renovada y una determinación de todos para lograr que esos que estén aquí en esta plaza dentro de 100 años, celebrando el tercer centenario digan, también hubo una generación, ese bicentenario que tomó la decisión de liberar a Colombia de la pobreza,  de la corrupción, y nos dieron un país grande, un país libre y una nación que puede ser una de las más prósperas del mundo de aquí a 100 años, si todos nosotros desde hoy decidimos que ese es el legado que queremos dejar a las nuevas generaciones; libertad, legalidad, emprendimiento y un país decidido a dar condiciones de igualdad a todos sus ciudadanos.

Gracias a todos los jóvenes que nos acompañan, desde la Vicepresidencia quisimos traer jóvenes de distintas bandas, desde distintos colegios, de distintas ciudades, porque este país del presente, de ustedes que tienen que construir para el futuro, necesitan que ustedes todos, tomen esas banderas, pero entre ustedes se hermanen, sin diferencias de condición social, sin diferencia de capacidad intelectual. Tememos que ser capaces que todos suban en esta pirámide social y en esta capacidad intelectual, con una educación de excelencia, pero sobre todo convirtiéndose todos ustedes en unos ciudadanos de la excelencia.

Muchas gracias a todos.

   ​


 

Relacionadas