Especiales Vicepresidencia

Discurso

Palabras de la Vicepresidenta de la República, Marta Lucía Ramírez, en el panel cómo las mujeres cambian el mundo

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Nueva York, Naciones Unidas, 12 de marzo de 2019

Para mí es muy importante compartir con ustedes este panel sobre las buenas prácticas que en otros países se han venido desarrollando, las mismas que estamos practicando nosotros en Colombia para acelerar el empoderamiento de las mujeres y, sobre todo, aprender a identificar las barreras que están impidiendo que la mujer acceda al poder en distintos lugares de mundo.

Estamos trabajando en la igualdad de género para lograr la plena garantía del ejercicio de los derechos que, como bien decía la Presidenta de Nepal, deben estar constituidos por un cuerpo legal y constitucional que sea robusto y por cambios culturales en las sociedades.

En nuestro país tenemos un marco legal robusto, pero todavía estamos lejos de lograr la igualdad de las mujeres. Por esa razón, decidí como primera Vicepresidenta de Colombia, asumir el manejo del tema de la mujer. La igualdad y la representatividad son principios esenciales en una democracia, la igualdad debe garantizar que todos -hombres y mujeres- tengamos los mismos derechos. La representatividad política tiene que garantizarnos la posibilidad de que todos podamos elegir y ser elegidos.

La participación en escenarios democráticos en nuestro país y en América Latina, en general, sigue siendo muy baja. Iberoamérica, incluyendo no solo a América Latina, sino a España y Portugal, no tiene ninguna presidenta y solo el 29% de la totalidad de cargos legislativos, se encuentran en cabeza de las mujeres. Es necesario, entonces, potencializar el liderazgo femenino. Esto tiene que hacerse por parte de la sociedad entera, no solamente por decisiones legales ni mucho menos por políticas públicas de un gobierno transitorio.

En nuestro caso, queremos promover y estimular la participación y el liderazgo de las mujeres, entender que no se nace siendo líder y que hay que formar ese liderazgo también desde el hogar. El Presidente Iván Duque y yo hicimos unas elecciones primarias para poder llegar al poder y competimos el uno contra el otro; él me preguntó que si yo fuera la presidenta cuál sería mi gabinete, y además de sugerirle algunos nombres, le manifesté que mi gabinete sería paritario.

Hoy tenemos en Colombia a la primera mujer electa como Vicepresidenta y el primer gabinete paritario. Lo importante de esto es que yo estoy al frente de todos y cada uno de los ministros, hombres y mujeres, para exigirles que sus ministerios tengan un compromiso cuantitativo, verificable, para lograr la igualdad de la mujer en cada una de las carteras.

Así mismo, estamos haciendo esfuerzos en el nivel territorial para que haya más mujeres en el sector público que participen del proceso electoral. Hemos decidido fortalecer toda la institucionalidad, en primer lugar, asumiendo este tema en la Vicepresidencia; en segundo lugar, con una consejera para la mujer; y, en tercer lugar, estimulando que cada gobernación y cada alcaldía tengan una Secretaría de la Mujer, porque en Colombia tenemos solo cinco gobernadoras entre 32 departamentos y solamente 180 alcaldesas en 1.180 municipios, entonces, es urgente el trabajo a nivel territorial.

Hemos diseñado en Colombia el Plan Nacional de Desarrollo de nuestro Gobierno que comenzó hace siete meses, en función de los 17 objetivos de desarrollo sostenible de Naciones Unidas para el 2030. De tal manera, que la igualdad de la mujer es uno de esos objetivos.

Por ejemplo, con la Ministra de Educación estamos trabajando todos los días para lograr que haya más mujeres que accedan a una educación superior, sin embargo, en nuestro país es curioso que en este momento hay más graduadas en carreras profesionales, con maestrías y doctorados, que hombres con ese mismo tipo de preparación. No obstante, los salarios de las mujeres siguen estando por debajo.

Por tanto, el desafío no solamente es impulsarlas hacia la educación, sino también, trabajar con el sector privado para cerrar la brecha salarial que es injustificable. Estamos promoviendo las carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) para que las mujeres se inclinen a estudiarlas y puedan ocupar cargos que tradicionalmente han sido ocupados por los hombres. Estamos viendo avances muy interesantes en Colombia y es importante que el sector privado se haya comprometido en esta transformación, vinculando más mujeres a las juntas directivas de las empresas.

Sin embargo –como lo dije antes- el liderazgo femenino no viene con el ADN, hay que impulsarlo, desarrollarlo; en esto, las madres y las educadoras tenemos un papel fundamental, debemos enseñar a las niñas a pensar por sí mismas, a analizar qué opciones tienen, a escoger y decidir la que más les convenga, enseñarlas a asumir retos y desafíos.

En mi caso, asumí el desafío de ser Ministra de la Defensa de Colombia -en un país que estaba en conflicto- a pesar de que mi carrera profesional se había desarrollado siempre en la economía, en el comercio exterior, en la política exterior y en las finanzas. Pero el desafío era servirle a la nación en el sector de la defensa, que en ese momento necesitaba grandes cambios.

Hay que enseñar a las niñas a ser transformadoras, a valorarse, a tener autoestima, a quererse, a confiar en sí mismas, a querer ser las primeras y buscar el poder. Debemos enseñarlas a pedir un aumento salarial cuando consideren que lo merecen. Es decir que, para lograr la igualdad femenina, no tenemos que buscar solamente afuera, también tenemos que buscar adentro de nosotras y enseñar que la fortaleza está en el interior, al igual que el poder, si queremos transformar la sociedad.

Estamos convencidos de que, para lograr un mundo sostenible, próspero, en el que quepamos todos, es necesario hacer cambios desde las instituciones, desde el sector privado, pero -sobre todo- cambios culturales que las mismas mujeres promuevan en la sociedad para otras mujeres.

A las jóvenes hay que enseñarles que deben prepararse, porque en ese aspecto hay muchas limitaciones. De igual manera, recordarles que ellas no llegaron solas, que cada una de nosotras encontró atrás a líderes que abrieron el espacio a otras.

Cuando hay mujeres que llegan al mundo de los negocios o de la política, hay que recordarles que tienen un compromiso ético de seguir abriendo espacio para otras mujeres. El verdadero liderazgo femenino es el que entiende que, tendiendo puentes, trabajando en equipo, construyendo espacios para otros, es como de verdad se logra transformar una sociedad.


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