Especiales Vicepresidencia

Discurso

Palabras de la Vicepresidenta Marta Lucía Ramírez en la conmemoración de la Batalla de Boyacá

Boyacá, Agosto 7 de 2019

¡Hoy es un día glorioso para Colombia! Es un día para reflexionar sobre la independencia que nuestros ancestros heroicamente conquistaron -dos siglos atrás- para nosotros.

Este día, es mucho más que una conmemoración: la mirada hacia este emblemático Puente de Boyacá,nos lleva a reflexionar sobre las batallas y las luchas que tenemos que dar hoy, 200 años después de haber logrado nuestra autodeterminación.

Los que vivieron y murieron por la independencia, nos liberaron de las cadenas del yugo colonial, pero muchos de nuestros compatriotas, hoy en día, siguen amarrados a las cadenas de la pobreza, del narcotráfico y del temor ante los criminales. Muchos hijos de nuestros compatriotas apenas ahora se están liberando de la presión del reclutamiento forzado de grupos criminales, que han adelantado una guerra insensata contra nuestra sociedad y nuestro Estado de Derecho.

Debemos a la memoria de nuestros ancestros independentistas y héroes, seguir la lucha contra cualquier cadena que impida a Colombia el progreso para nuestros ciudadanos de hoy y de mañana.

El Gobierno del Presidente Iván Duque ha alzado la bandera de la lucha contra el desempleo, y el compromiso de cerrar la brecha contra la desigualdad entre nuestros ciudadanos y entre nuestras regiones, brindando educación de calidad y oportunidades de progreso para todos.  No habrá igualdad en nuestra sociedad, si no logramos igualdad de oportunidades, que, sobre todo, dependen de la educación de calidad, de una formación básica y superior, del trabajo y el emprendimiento digno y sostenible, que aseguren una remuneración justa en las familias colombianas.

Debemos también a la memoria de nuestros héroes, como el niño Pedro Pascasio Martínez, quien rechazó las monedas de oro que le ofreció Barreiro para que traicionará a los patriotas, adelantar una lucha sin cuartel contra el flagelo de la corrupción que tantas posibilidades de alimento les ha robado a nuestros niños y a los colombianos.

Honraremos hoy, con gratitud, a nuestros héroes que, en este mismo sitio, abrieron el camino a la Nación que somos. Hoy hace 200 años, superando las frustraciones y sufrimientos que azotaron a nuestro pueblo durante los nueve años posteriores al Grito de Independencia de 1810, fuimos por fin definitivamente independientes después de una campaña de 77 días en la que el Ejército Patriota llevó a cabo la gesta más heroica y más difícil que podamos soñar, recorriendo estas montañas, pasando penurias y soportando el frío de una tarde, quizás también lluviosa, como esta. Pero su arrojo y determinación por acabar el yugo español y garantizar el futuro libre de nuestra patria, siempre fue más grande que toda dificultad.

Conmemoramos, esta tarde, el segundo centenario de una hazaña que nos obliga a repensarnos, pues gracias a la victoria que se escribió aquí, con la sangre de muchos valientes del Ejército Patriota y de hombres y mujeres de la población civil, hoy tenemos una República, una democracia y unas instituciones, que ciertamente no son perfectas, pero que nos han dado estabilidad y progreso. Hoy nos corresponde a todos -sin excepción- trabajar por mejorarlas y hacerlas más eficaces para lograr esa Nación segura, justa, educada, emprendedora, incluyente y con el Estado de Derecho que nos garantice la paz que todos merecemos.

La independencia de la corona española no se produjo en un solo día, ni fue producto de una sola batalla. Aquí, en esta hermosa tierra de Boyacá, ocurrió una batalla definitiva. Pero fue todo un proceso, cuya primera detonación fue la rebelión de los comuneros; luego, vino la nueva dominación y el periodo sanguinario de Pablo Morillo.

Pero la persistencia, el valor del Ejército Patriota y el anhelo de libertad del pueblo, dieron frutos, y vino esa nueva campaña que se inició en Pore, en diciembre de 1818; se produjo luego el encuentro el 12 de junio de 1819, en Tame, entre el ejército venezolano y la legión extranjera, comandados por Bolívar, con el ejército llanero que había organizado Santander, y luego vinieron batallas, escaramuzas y un heroísmo sin par. Gracias a ese proceso, el 7 de agosto de 1819, precisamente a la misma hora en que estábamos haciendo un minuto de silencio por todos los soldados de Colombia caídos en combate, a esa misma hora, fue aquí, el comienzo del fin del imperio español.

La Batalla de Boyacá produjo un efecto cascada que continuó durante varios años y desató la liberación del resto del continente. En efecto, la derrota definitiva de los españoles inspiró la confianza, la experiencia y los recursos para victorias decisivas que vinieron luego en Carabobo, en 1821; Bombona y Pichincha, en 1822; Lago de Maracaibo, en 1823; y Junín y Ayacucho, en 1824.

Gracias a ese proceso, hemos tenido la fortuna de ver la luz en un país libre, gozamos de autonomía y hacemos todos parte de esta maravillosa Nación. Somos una Nación que debemos seguir construyendo en conjunto, porque la tarea no termina aquí. Hoy empieza una nueva tarea: delinear y estructurar la Nación que queremos ser para el tercer centenario de nuestra independencia.

Si bien nuestros libertadores nos despejaron el camino, nosotros tenemos el desafío enorme de honrar su memoria y esfuerzos estando a la altura de la independencia. Si nos paramos con los pies sobre la historia, hay muchos motivos para el bochorno porque, en ocasiones, hemos fallado y el derecho a gozar de la vida y la libertad de vivir sin violencias, no ha sido plenamente garantizado en igualdad de condiciones para todos. Y ello nos avergüenza.

Sin embargo, también debemos reconocer que nuestro país ha logrado un trabajo significativo en materia de desarrollo institucional, de respeto de los principios democráticos, en defensa de la República, en el progreso y estabilidad económica que han permitido la expansión de nuestra clase media, la reducción de la pobreza y la posibilidad de cohesionarnos, entendernos e identificarnos como una gran Nación.

Aquí hay un Estado fuerte, soberano, respetuoso de la autonomía de las tres ramas del poder público. Aquí hay un gobierno, un Congreso y un poder judicial con plena legitimidad. Por eso, nos sentimos orgullosos de tener una democracia con igualdad de oportunidades de participación para todos los ciudadanos, aunque evidentemente hay vicios y falencias que debemos corregir con sentido de urgencia, y de eso se trata la evolución de una Nación.

¡Somos una Nación joven, en permanente proceso de evolución y construcción, y sin darnos la licencia de ser condescendientes ante lo que hay que mejorar, tampoco debemos caer en el pesimismo, el derrotismo y el ataque destructor de quienes quieren hacernos ver que somos una sociedad fracasada o una democracia fallida!

Por el contario, a pesar de fallas y debilidades, el sistema democrático que tenemos ha sido capaz de hacer correctivos en múltiples campos e innumerables circunstancias y, por ello, no obstante las dificultades y desafíos que nos han impuesto los criminales y la ilegalidad, nuestra Colombia progresa cada día en todos los frentes y seguirá progresando.

Nosotros, los colombianos, ya conocimos el rigor de las imposiciones, de la tiranía, del maltrato del colonialismo. Nuestros antepasados tuvieron que sufrir la falta de libertades cuando llegó un pueblo ajeno a imponerles un gobierno, unas costumbres y el yugo de la esclavitud.

Nuestros hermanos venezolanos, hijos del mismo proceso y de la misma entraña, sufren hoy la ausencia de libertad y de derechos, como la sufren muchos pueblos del mundo cuando el colonialismo, en teoría, es parte del pasado. Felicitaciones, presidente Duque, a usted y al canciller, por su liderazgo en pedir ese cerco internacional para que se acabe la dictadura de Venezuela. Por esa razón, no debemos dar la libertad, la democracia y la independencia como un hecho cumplido, sino valorarla, ganarla y merecerla cada día, y esa, es la corresponsabilidad de todos los colombianos de hoy: es la obligación tanto de gobernantes como de gobernados.

Hoy rendimos homenaje a nuestros héroes de hace 200 años y a todos aquellos héroes que, desde nuestra Fuerza Pública y desde distintos sectores de la sociedad, han ofrendado sus vidas y la integridad de sus cuerpos durante dos siglos, por la causa de nuestra Nación. Por ellos y por nosotros, pero en especial por cada criatura que nacerá desde esta misma tarde, debemos abrazar con pasión nuestra democracia y consolidarla desde una institucionalidad cada vez más legítima, que garantice a todos, por igual, sus derechos y exija de todos nosotros, sin excepción, sus deberes de ciudadano.

Hoy decimos –a viva voz- que la lucha de nuestros héroes no fue en vano. ¡Que Colombia jamás volverá a ser ultrajada ni sometida! Que aquí se brindan todas las garantías para elegir libremente y que debemos velar por que la gestión de todos los funcionarios del Estado sea eficiente y transparente, para que nuestros ciudadanos tengan iguales oportunidades de progreso y ninguno vuelva a sentirse humillado en su propio suelo.

Colombia tiene hoy una de las democracias más estables de la región y eso nos debe llenar de orgullo y esperanza. Sin embargo, da dolor saber que mientras un pueblo se unió en este puente, hace 200 años para conseguir la libertad, años después, el mismo pueblo se dividió para matarse entre sí. Es lamentable que los reclamos de hace 60 años por obtener garantías sociales, hayan terminado desdibujados en una guerra inhumana contra todos los colombianos, financiada por el narcotráfico, cuyo único objetivo pasó a ser la acumulación de riqueza a través de los cultivos ilícitos, con el pretexto de las reivindicaciones. ¡Bien lo decía nuestro libertador Simón Bolívar, “a veces cuesta más mantener el equilibrio de la libertad, que soportar el peso de la tiranía"! Lamentablemente, en ocasiones, eso nos ha sucedido.

Pero hoy todos debemos estar en la tarea de edificar paz, y estoy convencida de que la paz comienza desde las familias, desde el hogar, desde las pequeñas acciones que cada uno lleva a cabo en su cotidianidad, desde las aulas, desde el respeto por el otro, por la palabra empeñada, por el cumplimiento de la ley y desde la convicción de que nuestro pueblo no necesita limosnas, sino la oportunidad de educarse y de trabajar y emprender con igualdad y dignidad.

Nuestra democracia es reconocida por el mundo entero gracias a la solidez de nuestras instituciones, a la estabilidad de nuestra economía y a que no hemos permitido aventuras populistas en nuestro suelo y no las permitiremos. Por ello, debemos ser, cada vez, más respetuosos de esa institucionalidad y del Estado de Derecho que reconoce que todos somos iguales ante la ley y tenemos las mismas garantías y deberes.

Es así, como mantendremos la confianza que permita el progreso continuado de nuestro país, para sostener relaciones internacionales respetuosas, fundamentadas en la diplomacia, en la democracia y en el respeto a los derechos humanos. Es así como seguiremos progresando para recibir inversión nacional y extranjera, que fortalezca el aparato productivo y abrir nuevos mercados que generen mayor riqueza, y con ella, una economía sólida, que redistribuya mejor el ingreso y brinde empleo y emprendimiento sostenible a todos nuestros ciudadanos.

Colombia es un país geoestratégico, biodiverso, multicultural, de gente talentosa, trabajadora, creativa y emprendedora, de gente buena, sensible, solidaria, con las manos tendidas para ayudar al otro, tal como lo dibujó nuestro maestro Fernando Botero en ese logotipo del Bicentenario, que tienen todos ustedes en el programa que les hemos entregado hoy.

Por supuesto que Colombia tiene todavía muchos campos por aprovechar y por explorar. ¡Tenemos que sentirnos tan orgullosos de ella! Tenemos que proyectarnos desde las fortalezas, y con pleno compromiso de corregir las debilidades, para recorrer con éxito este tercer centenario cuya puerta abrimos hoy en este mismo puente de hace doscientos años.

Desde el Gobierno Nacional, por disposición del presidente Iván Duque, y con la gratísima compañía y el excelente trabajo de la Ministra de Cultura Carmen Vásquez y de su equipo en el Ministerio de Cultura; del ICANHN; del presidente del colegio máximo de las academias y de todas las academias de historia del país, se han hecho muchísimas conmemoraciones y publicaciones, y las seguiremos haciendo durante los tres años que restan de nuestro gobierno. A nuestros jóvenes, Andrés   Murcia, que tanto ha trabajado con dedicación y sin descanso, a todos los jóvenes de la Vicepresidencia, nuestra gratitud. Hemos emprendido una serie de actos y acciones simbólicas, por todo el territorio, para conmemorar estos doscientos años de la gesta independentista. Fue así como con la Ministra, recorrimos los municipios que fueron escenario de la lucha por la independencia en nuestros departamentos de Casanare, Santander, Arauca, Boyacá y Cundinamarca, cuyos aires musicales hemos evocado hoy. Pero no sólo hemos hecho una presencia ceremonial, todo nuestro gobierno, en cumplimiento de la instrucción presidencial, ha llevado a cabo acciones que redunden en el desarrollo y la prosperidad de estas regiones y del país entero.

Para quienes aún no lo saben, con la directora del Departamento Nacional de Planeación, la Ministra de Infraestructura y el Ministro de Hacienda firmamos, bajo el liderazgo del presidente Iván Duque, con estos cinco departamentos, el Pacto Bicentenario, al cual se refirió el gobernador de Boyacá en sus palabras, para ejecutar parte de las obras de infraestructura y obras viales, que serán definitivas  en estas zonas para atraer progreso, para lograr conectividad, para traer más inversiones y desarrollo. Con esto, estamos empezando a cancelar la deuda que muchos gobiernos dejaron una pendiente por la ausencia y el olvido de estas regiones. Debemos llevar inversión y progreso, de la mano de gobernadores y alcaldes, porque sabemos que ese es el reclamo que, desde el más allá, nos hacen nuestros héroes de la independencia, sabiendo el sacrificio que hicieron las gentes de estos pueblos cuando nos regalaron a pulso la libertad.

Durante los tres años que restan de este gobierno, seguiremos rememorando en el país entero el aporte de cada región a la consolidación de la independencia y vendrán después los pactos bicentenario con el Caribe, con el Pacífico, el suroccidente y la Orinoquía.

Nuestros jóvenes deben conocer cómo ha sido nuestra historia y cómo, poco a poco, hemos forjado esta Nación para que sepan que hubo una campaña libertadora que abonó nuestro sendero, y después, durante dos siglos, ha habido muchos que han aportado a la construcción de esta Nación. Y también ha habido muchos esfuerzos del Estado e inversión de nuestros empresarios y de la Nación, para lograr el progreso que nos debe dar orgullo y sentido de pertenencia a todos los colombianos. Ya el Presidente Iván Duque y la Ministra de Educación han dado la línea para recuperar, por fin, en nuestro país, las clases de historia, geografía y educación cívica, inexplicablemente desdibujadas del pensum escolar. Y tendremos también las Becas de Excelencia Doctoral del Bicentenario y el compromiso con la ciencia, la tecnología y la innovación, a través de nuestra Misión de Sabios, para dar la bienvenida en grande al nuevo siglo de libertad y de progreso nacional.

Que quede claro para las nuevas generaciones que hubo también, hace doscientos años, mujeres aguerridas, que lideraron revueltas, tertulias independentistas y que auxiliaron al ejército, y también ellas fueron fusiladas a sangre fría por los conquistadores. Que hubo algunas que, disfrazadas de soldados, ofrendaron su vida por la libertad; que muchas madres sacrificaron a sus hijos por la independencia de una patria. Precisamente, nuestra lucha y el compromiso del Plan de desarrollo Pacto por Colombia, Pacto por la Equidadnos debe garantizar que nunca más las mujeres tengamos que disfrazarnos de hombres para luchar por los derechos de nuestra sociedad, que la equidad de las mujeres permita escribir nuevas páginas de un progreso grande para Colombia.

En vísperas de la Batalla de Boyacá, en Charalá, los ancianos, las mujeres y los niños salieron a ofrendar sus vidas para frenar los refuerzos que llegaban al mando del coronel González para el ejército español, y gracias a todos ellos, nunca pudo cumplir su cita con Barreiro. Gracias a ellos, a su valentía, sacrificio y persistencia, debemos recordar hoy, y desde todas las esquinas de la historia, que Colombia es un país que no se resigna ante las dificultades e injusticias, y que se ha levantado una y mil veces para salir fortalecido. Eso es lo mismo que tenemos que seguir construyendo desde hoy hasta el tercer centenario.

En las páginas que escribieron nuestros próceres en la campaña libertadora, encontramos suficiente inspiración. Y aunque nosotros no estaremos para ver la luz del 7 de agosto del año 2119, seguiremos hoy el ejemplo de nuestros libertadores que nos enseñaron a pensar a largo plazo, a proyectarnos, a trabajar por las nuevas generaciones al costo que nos toque, y que nos invitan a dar todo lo que sea necesario para defender nuestra República, y para seguir consolidando nuestra libertad. Hoy tenemos que liberarnos, para siempre, de ese yugo que aún persiste de la pobreza, de la ilegalidad, del narcotráfico, porque esas son las amenazas que hoy tiene nuestro país.

Aquí, en el mismo puente de hace doscientos años, invito, a que tal como lo diseñó Andrés Pedraza, otro de nuestros maravillosos jóvenes en la Presidencia, en ese lema que todos ustedes han visto, nos sintamos todos #MásColombianosQueNunca. Los invito a abrir hoy el telón de un nuevo siglo en el lugar más emblemático de nuestra patria.

Hoy, me inclino frente a este Puente de Boyacá en memoria de nuestros ancestros que lucharon por la libertad y la dignidad humana, apuntando con esta bandera a este campo de lucha heroica.  En tributo a esta lucha gloriosa, hoy honramos con nuestro ejército y nuestra democracia esta hermosa bandera, para que nos guíe en nuestra búsqueda de una sociedad digna, segura, justa, libre, incluyente y solidaria; una sociedad que consolide la unión con el orgullo de los valores que triunfaron hace dos siglos en esta tierra. Gracias, señor presidente por su confianza; gracias señora Ministra, Carmen Vásquez, por su compañía; gracias por su ejemplo, Presidente, de compromiso y liderazgo por Colombia.

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