Especiales Vicepresidencia

Discurso

Palabras de la Vicepresidente de la República, Marta Lucía Ramírez en la conmemoración de la unión de fuerzas al mando de Bolívar y Santander en Tame el 12 de Junio de 1819 generando la integración del “Gran Ejército Libertador de la Nueva Granada".

Tame, Arauca, 12 de junio de 2019              
 
¡Queridos amigos! Nosotros no necesitamos 200 años más para ponernos de acuerdo y proyectar juntos ese país que merecemos. Este país que soñaros nuestros héroes Bolívar y Santander cuando se encontraron en estas tierras hace 200 años esos dos ejércitos, el país que queremos construir nos necesita a todos juntos, es un país donde debemos valorar el aporte que hacemos todos y cada uno de los ciudadanos. 
 
Cuando evocamos las estrofas de nuestro Himno Nacional que hablan de “gloria inmarcesible”, es decir, la gloria que nunca se marchita, debemos entender que esa gloria se refleja en 200 años de independencia y de una construcción continua para fortalecer nuestras instituciones democráticas a pesar de tantos obstáculos y desafíos. 
 
Pero la gloria de Colombia durante 200 años de permanecer con libertad y con democracia, es la gloria que tenemos que seguir construyendo y pensar en esa Colombia de aquí a 200 años y entender que esa Colombia dependerá de lo que todos y cada uno de nosotros estemos dispuestos a construir hoy, como lo ha dicho el presidente, juntos mirando hacia el futuro y tomando la decisión de seguir juntos emprendiendo con grandeza, con coraje y con amor el trabajo que haya que hacer por esta tierra y enfrenar todos los desafíos que haya que enfrentar. 
 
Aquí estamos en Tame continuando el viaje de Conmemoración del bicentenario de nuestra independencia y siento que aún mantiene vigencia luchar por la libertad de los colombianos, es decir, seguir luchando por la libertad de pensar, la libertad de emprender, de actuar, de opinar, educarnos, entendiendo siempre que la libertad de cada colombiano tiene como límite el ejercicio de las libertades de otros. 
 
Pero también es creciente seguir hablando de luchar contra las tiranías que oprimen las libertades y el desarrollo de nuestra sociedad, en este caso luchar contra la tiranía de la pobreza, la desigualdad, la ilegalidad, el terrorismo, el narcotráfico y por supuesto luchar hoy más que nunca para acabar con la tiranía de la corrupción. 
 
Luchar para poner fin al terrorismo y a los violentos que nos quitan la paz y la tranquilidad, significa no caer en la trampa de dividirnos, pues divididos todos somos débiles. Por supuesto gobernador, queremos la paz, la paz de Colombia significa estar unidos defendiendo una institucionalidad y exigiendo que sea el imperio de la ley el que nos garantice a todos el ejercicio de nuestros derechos y por supuesto la exigencia de nuestros deberes. Dividir ha sido la estrategia de los violentos desde muchos años atrás y no podemos hacerles el juego. 
 
La gesta que emprendieron nuestros patriotas en estas tierras hace 200 años, llenos de nobles ideales cuando pisaron ellos el mismo suelo que hoy pisamos, nos hace admirarlos cada vez más por su determinación y su valentía. Es por eso que con igual carácter y valor debemos continuar juntos en esta gesta de seguir luchando por una nación con oportunidades, con equidad y con posibilidades para todos. 
Bajo sus instrucciones señor presidente, todas las entidades del gobierno nacional han preparado la oferta institucional que garantice las inversiones a cada uno de los departamentos, a cada uno de los municipios que están incluidos en esa ley del Bicentenario.
 
En este punto de partida para Tame, hay inversiones por más de $110.000 millones para Arauca y Tame, y el desarrollo de esa obra tan esperada como es la carretera de la Soberanía, entre Lejía y Saravena. 
 
Luchar para lograr que cada peso que genere nuestro país cierre la brecha de inequidad generando oportunidades para todos. Y sobre todo nuestro compromiso, garantizar a los colombianos la posibilidad de educarse con excelencia para aprovechar el potencial enorme que tiene nuestro país. Es gracias a la riqueza de nuestros recursos naturales, gracias a estar ubicados en el corazón de América como la denominó Bolívar y gracias a la biodiversidad y riqueza sociocultural de nuestro territorio es como podemos pensar en un sueño ambicioso de tener a Colombia con plena independencia y libertad de todos los males que nos aquejan convirtiéndose en una verdadera potencia en nuestra región latinoamericana.
 
Esta nueva gesta, la de un país que orienta sus esfuerzos a abrir cada vez más espacios a la creatividad y la innovación, es la que está liderando hoy nuestro presidente, porque queremos que esos sean los temas de la conversación diaria. Para que los noticieros y la información diaria dejen atrás el terrorismo, el narcotráfico, la ilegalidad, las violaciones de nuestros niños y mujeres y la corrupción como parte de la cotidianidad y conviertan estas deformidades de nuestra sociedad en una excepción.
 
Hace 2 siglos, venezolanos y granadinos lucharon como uno solo, pues eran parte de un solo: la libertad y la independencia. Ellos no eran más de 3.000 almas, que integraron aquí en Tame las fuerzas que lideraba Bolívar y que meticulosamente también estaba organizando desde hacía algunos meses el general Santander y emprendieron juntos ese sueño de libertad para la Nueva Granada, Venezuela y Quito, conformando el “Gran Ejercito Libertador de la Nueva Granada”.
 
Hoy, 200 años después, tenemos que cumplir la cita con ese sueño grande de proyectar a Colombia y ojalá también muy pronto a Venezuela, como dos naciones gloriosas como Bolívar y Santander las anhelaron. 
 
Somos herederos de la independencia y la libertad. Sin embargo, no hemos utilizado adecuadamente esos atributos y por ello no nos hemos dado la posibilidad de lograr la mejor versión de nosotros mismos, ni como individuos ni como sociedad. Somos colombianos y esa sola palabra tiene muchos significados, significa muchos atributos, ser colombianos significa que estamos llenos de talento, creatividad, laboriosidad, alegría y solidaridad, de compromiso eso es lo que quiere decir Colombia, nuestra Colombia que tiene nombre de mujer.  
 
Ya es hora de superar las disputas concentradas siempre en un pasado de rencores, egos, vanidades y tolerancia por la corrupción. Parecería que son muchos los que quieren condenarnos a repetir una y muchas veces más esa parte trágica de nuestra historia. Sin embargo, somos muchos más somos millones de colombianos los que a través de la historia hemos creído con absoluta convicción en el futuro próspero, seguro, educado, justo, emprendedor e incluyente que le espera a Colombia.
 
Los colombianos merecemos un país feliz, sí, esa es la frase adecuada para definir la causa común, que Bolívar utilizó el 15 de febrero de 1819 en Angostura, para referirse al propósito de los ejércitos y los intelectuales que construirían la República de Colombia, como un país feliz. 
 
Es urgente abandonar la visión arcaica de algunos que creen que la sociedad se debe a la disputa dialéctica de las fuerzas que se repelen utilizando no el discurso, ni la argumentación, ni el método racional sino apelando a la dominación a través de la violencia, esta visión no nos sirve, nos reduce, nos limita, excluye el potencial enorme de nuestra nación y genera también muchas veces el temor de nuestros habitantes y con el temor nos limitamos, con el temor nos apocamos.  
 
Gracias a la vitalidad de las instituciones republicanas, nuestro país ha mantenido dinamismo y progreso durante estos dos siglos. Con ocasión del Bicentenario de nuestra independencia estamos conscientes de cuántas veces se ha puesto a prueba nuestra democracia y cuantas veces más hemos sido capaces de preservarla y fortalecerla gracias a nuestras instituciones. 
 
Aquí, en esta hermosa e histórica tierra de Tame, hace 200 años se dio el ejercicio más grande de cooperación e integración. La integración de dos ejércitos como consecuencia del anhelo de muchos patriotas soñadores, militares y ciudadanos a quienes unió de manera indisoluble el anhelo y la disposición de entregarlo todo para lograr las mejores condiciones de vida del pueblo colombiano.
 
Hoy, la mejor manera de conmemorar el heroísmo de nuestros libertadores y de rendir tributo a la vida y al respeto al otro, es honrando el sacrificio de sus vidas y su devoción, trabajando también nosotros desde el ciudadano en su cotidianidad, hasta el Jefe de Estado, para consolidar esta República con instituciones sólidas que nos garanticen a todos el ejercicio de nuestros derechos y nos exijan a todos por igual sin ninguna excepción el cumplimiento de nuestros deberes. 
 
Lograr un mejor país sí es posible. La decisión de un mejor país no depende de nuestra geografía ni de nuestras posibilidades de nuestros suelos, depende de cada uno de nosotros, de la determinación de todos por lograr un país de convivencia y progreso. Avanzar todos gracias al compromiso con la legalidad, con el desarrollo económico que brinde mejores oportunidades de empleo y de emprendimiento y también a la determinación de todos de acabar con la discriminación y desigualdad en nuestra sociedad.
 
Durante tantos años hemos visto en nuestro país tantas zonas grises y la tolerancia que permiten algunos en las calles e inclusive se utilizan ríos de tinta de las algunas publicaciones para glorificar la ilegalidad, la informalidad y hasta el narcotráfico, con el pretexto de que ese es el precio que debemos pagar para lograr una convivencia pacífica. 
 
¿Acaso fue eso por lo que luchó el libertador convocando a sus generales Páez, Anzoátegui y tantos otros en la aldea del setenta a orillas del Apure? ¿Acaso fue ese el anhelo de libertad e independencia?  
 
Fue eso por lo que se esmeró Santander cuando hizo su proclama que decía: “el ejercito de mi mando no hace la guerra en la Nueva Granada, sino a los enemigos de la independencia que quieran continuar con un país sometido al yugo español” por supuesto que no, no fue esa la voluntad de ellos y no es ese el sueño por el cual estuvieron dispuestos a ofrecer sus vidas.
 
Parafraseando a Santander, el ejército y nuestras fuerzas militares seguirán haciendo la guerra bajo el liderazgo de su comandante supremo, a rodos aquellos que amenacen al pueblo colombiano y seguirán siempre combatiendo el narcotráfico, el terrorismo y la ilegalidad. 
 
Nuestro país debe entrar en modo bicentenario para proyectarse al corto, mediano y largo plazo. 
 
Colombia exige de nosotros que nos paremos hoy mirando hacia la historia. No nos debemos al legado que recibimos, sino a la historia que debemos construir. 
 
Hoy recordando ese 12 de junio de 1819 en el que se integraron el ejército de vanguardia y retaguardia, asumamos este momento histórico para convertirnos en la vanguardia de una transformación que avance hacia el futuro y en la retaguardia que contendrá para siempre las angustias, temores e indiferencia que nos han aquejado por tantos años. 
 
Que no se aparte de nuestro imaginario colectivo la convicción de hacer algo importante y grande con nuestra libertad. Que permanezca en nuestro ADN el compromiso por romper las cadenas de las tiranías y encontrarnos con todo nuestro potencial de libertades, independencia, productividad, sostenibilidad y equidad.  
 
Ese es el rumbo trazado por nuestro Presidente y es el rumbo que hemos escogido millones de colombianos y colombianas que queremos un país con progreso con justicia social, con justicia con seguridad y con la verdadera paz que depende de las instituciones.
Ya lo decía el General Santander: “La moderación, la tolerancia y la justicia rigen el corazón y desarman el descontento”.
 
El tiempo de las armas, incluso de las palabras como arma debe cesar para siempre. Debemos cerrar para siempre los espacios de la tolerancia a aquellos que conviven con el narcotráfico y la ilegalidad. De eso se trata esta nueva cita con el Bicentenario: sellar, reconocer honrar y agradecer la historia de dónde venimos y decidirnos a construir la historia que entre todos debemos comenzar a escribir incluyendo todas las expresiones de nuestra diversidad étnica, nuestros indígenas, nuestra población afrodescendiente y nuestra riqueza cultural que hacen de nuestra Colombia una nación tan rica, tan única y tan posible.
 
Muchas gracias a todo ese esfuerzo que han hecho todos los habitantes de Arauca para hacer posible toda esta celebración. Sabemos que han tenido días difíciles, sabemos que hace dos días tuvimos que recibir esa noticia del asesinato otra vez de alguno de nuestros soldados, sin embargo sabemos también todos los días que este pueblo de Arauca, que está ciudadanía se ha levantado altiva, una y otra vez, como lo decía usted alcalde, una y otra vez nuestros llaneros, nuestros centauros defendiendo sin duda esta democracia y quiero que ustedes sepan que no están solos, tienen aquí a un presidente totalmente comprometido con la defensa y la protección de Arauca y las verdaderas posibilidades de desarrollo, tienen aquí a nuestras fuerzas militares y a nuestros policías y nos tienen a todos nosotros como soldados dispuestos a construir una y mil veces más ese futuro posible de nuestro país.    
 
Muchas gracias


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