Especiales Vicepresidencia

Discurso

Palabras de la Vicepresidente Marta Lucía Ramírez en la instalación de la Misión Internacional de Sabios

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Bogotá, 8 de febrero de 2019

Para mi es un gran honor estar hoy aquí en el año en que inicia la conmemoración de los doscientos años de independencia, –Por encargo e iniciativa del Presidente, Iván Duque Márquez–, anunciándole al país el lanzamiento del gran ejercicio prospectivo de nuestro bicentenario, la oportunidad para delinear con visión de largo plazo la Colombia de nuestros hijos y nietos.

No es casual que nos hayamos congregado en el Jardín botánico más grande del país, que además de ser un punto de encuentro entre la naturaleza y ciudadanos de todas las edades y condiciones sociales, –como podemos ver en este auditorio–, también es un punto de convergencia de la conservación y, sobre todo, de la investigación y el conocimiento.

Bastará recordar que el contexto bajo el que se le puso fin a 300 años de dominación realista española no fue solo un asunto de armas. Varias décadas atrás, en 1783, José Celestino Mutis, a quien rendimos homenaje en este jardín, y un grupo de discípulos, entre quienes se destacaban Jorge Tadeo Lozano, José Manuel Restrepo y Francisco José “el sabio” Caldas, trabajaron en la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada. La primera iniciativa científica que se emprendió en el país y que permitió entonces recolectar 20.000 especies vegetales y 7.000 animales.

Como lo señaló Santiago Díaz Piedrahita,  quien fue miembro destacado de las academias colombianas de Historia y de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, este ejercicio fue “referente obligado de la ciencia colombiana … y contribuyó a la educación y a la formación científica de unos cuantos jóvenes que estaban llamados a perpetuar estas disciplinas en nuestro medio”.

Varios de estos jóvenes fueron férreos defensores de los ideales que nos llevaron a la libertad varios años después y pagaron con su vida ese anhelo, tal como fue el desenlace de Jorge Tadeo Lozano y Francisco José de Caldas. Este último fue el mismo que sostuvo en 1814, en su famoso discurso al cuerpo de ingenieros de la República de Antioquia, que: “Al siervo le bastaba sumisión y una obediencia ciega, pero hoy libre, independiente, y que marcha con pasos gigantescos a la cumbre de la grandeza y de la prosperidad, que ya está al nivel de los imperios, tiene una urgente necesidad de formarse hombres ilustrados, de domiciliar las ciencias y las artes”.

¿Por qué recordar la Expedición Botánica? Para sentirnos orgullosos del hecho científico más importante del período colonial. En momentos en que en el mundo se imponían las ideas de Quesnay, según las cuales la naturaleza en general y la agricultura en particular eran la fuente fundamental de valor, los discípulos de Mutis estudiaban nuestras especies animales y vegetales. También revolucionaban las artes, plasmando el detalle de la naturaleza, y construyeron entonces el primer observatorio astronómico de América… Ellos se adaptaron entonces a los retos de ese mundo y demostraron que los colombianos y los latinoamericanos si hemos ocupado posiciones de vanguardia en el globo. Objetivo que debemos retomar en 2019, de ese se trata la Misión de este año. Queremos que los científicos colombianos sigan teniendo posiciones de vanguardia en el conocimiento, aportando al desarrollo de la humanidad y establezcan las bases para generar nuevos semilleros de talento.

Por eso, lo primero que queremos destacar en este simbólico y mágico espacio, es que hace más de 200 años conformamos una primera elite intelectual para promover el avance de la patria y, posteriormente, su libertad.

Nuestro pasado reciente

Sin duda el funcionamiento del mundo dio un giro significativo en los últimos 250 años. De creer que el elemento que generaba valor en las sociedades era la agricultura, pasamos a la idea de que las cantidades de trabajo o capital eran símbolo de prosperidad. Hoy sabemos que el conocimiento es la piedra angular que moldea una nueva sociedad y, quizá, una nueva humanidad.

Eso ya lo sabíamos terminando la década de los ochenta. Saltos como el que había vivido Corea, el milagro del Rio Han, no pasaban desapercibidos. Ellos invirtieron en educación y desarrollo y pasaron de ser uno de los países más pobres del mundo a convertirse en líderes globales en menos de tres décadas. El resultado es contundente: en 1953 el PIB percápita de Colombia era 2,44 veces el coreano, hoy el PIB percápita de Corea es 2,7 veces el de Colombia.

Colombia siempre ha tenido inquietud por el conocimiento y por ello hoy continuamos y retomamos esfuerzos anteriores, con el objeto de orientar el desarrollo de largo plazo de nuestra Nación.

De hecho, Colombia se embarcó en 1988 en la Misión de Ciencia y Tecnología, liderada por Gabriel Misas Arango. Sin embargo, cuando la tinta de ese esfuerzo no se había terminado de secar, el Presidente César Gaviria tuvo la iniciativa de convocar una nueva Misión que, además, reflexionara sobre la educación, en 1993, la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, proceso en el que participaron Rodolfo Llinás, Eduardo Posada, Luis Fernando Chaparro, Rodrigo Gutiérrez Duque, Manuel Elkin Patarroyo, Ángela Restrepo, Eduardo Aldana, Carlos Vasco, Marco Palacios y Gabriel García Márquez. Ellos entregaron en 1994 el informe “Colombia al filo de la oportunidad”.

Fue hace cuatro años que un grupo destacado de miembros de la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, hicieron el balance a 20 años del informe que se entregó en las postrimerías del Gobierno del Presidente Gaviria. Ese estudio destacó “el cambio favorable en el desarrollo de la ciencia en Colombia”.

Y si, hemos dado pasos en la dirección correcta. En dos décadas el número de programas de doctorado se multiplicó por 20 y el número de publicaciones científicas se multiplicó por 36. Igualmente, el número de grupos de investigación debía pasar de 400 a 1600 entre 1994 y 2004, año en el que se superó la meta con creces al llegar a 3643.

Pero esas realizaciones son insuficientes. Primero porque la economía colombiana no ha logrado diversificarse. El 70% de nuestra canasta exportadora sigue conformada por commodities.

Segundo porque la cobertura educativa es baja. Solo el 55,6% de los colombianos accede a la educación inicial y el 42,7% a la educación media. Además, quienes logran graduarse de la educación superior no se conectan con las empresas porque existe un divorcio con la investigación y el enorme capital humano disponible en universidades y centros de investigación. Aquí existen fallas de empresas y Universidades. Las empresas han fracasado al no vincular investigadores en sus nóminas y apostarle a la investigación.

Según datos de la Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología, en el año 2016 solo el 2,62% de las plantas de las empresas colombianas eran investigadores, mientras que en Chile y España era el 25% y 28%, respetivamente.
Afortunadamente, Colombia inició procesos de acreditación universitaria y, mejor aún, el Gobierno del Presidente Duque, con la Ministra María Victoria Angulo, continúan impulsando esos procesos con la convicción de que la Universidad debe preferir la calidad de la educación sobre el número de graduados.

Quizá por razones como las recién mencionadas, a varios de los miembros de la Misión de 1993 y a intelectuales del país, les duele la poca aplicación de las recomendaciones que se hicieron hace 25 años. Por lo anterior, uno de los propósitos que ha señalado el Presidente Duque es impulsar aquellas recomendaciones pendientes, especialmente las relacionadas con la educación, como lo ha insistido el profesor Rodolfo Llinás. Queremos democratizar y descentralizar la educación.
Pero las fallas no han sido solo de las empresas, a las universidades les ha faltado interiorizar las palabras de José Luis Villaveces, destacado científico colombiano quien partió del mundo hace pocas semanas. Villaveces recordaba que el reto de las universidades era “formar gentes capaces de usar el conocimiento como fuerza productiva y como base para la convivencia y la relación con los demás y su entorno”. Las palabras de Villaveces están en el corazón de la Misión, queremos una Misión que no solo desarrolle conocimiento para la producción, sino también conocimiento para tener una mejor sociedad.

Por eso, uno de los ocho grupos que hemos conformado tiene un gran objetivo: el desarrollo de las ciencias sociales.

Asimismo, en el Gobierno ha sido mínimo el liderazgo, las capacidades de enlace, la continuidad en los procesos y los recursos para dar el salto. Corea entre la década de los 60 y 2017, pasó de destinar el 0,2% del PIB para investigación y desarrollo, a cerca del 3%. La Misión de 1994 propuso que los recursos de Actividades de Ciencia, Tecnología e Innovación (ACTI) pasarían del 0,3% al 2% del PIB en 2019, hoy estamos en 0,7%, a pesar de que cuando se dieron las discusiones que llevaron a la expedición de la Ley 1286 de 2009, la cual transformó a Colciencias en Departamento Administrativo, se planteó que dicho valor fuera del 1%.

Además, mientras el mundo da saltos pensando en los retos de la cuarta revolución industrial, Colombia no cuenta con una política de Ciencia, Tecnología e Innovación que nos proyecte en el largo plazo. Todo porque en el pasado Colciencias y el Departamento Nacional de Planeación fracasaron en la construcción de un consenso. Pareciera que, 200 años después de convertirnos en República, seguimos en el continuo desgate de vanidades, relegándonos del desarrollo y perdiendo oportunidades en el escenario internacional.

Precisamente, por esta razón estamos hoy aquí. El país y sus regiones han fallado impulsando el desarrollo económico y social a través de la CTI. Como bien lo sintetizó un documento del Departamento Nacional de Planeación, en el país persisten talanqueras como: i) la baja generación de conocimiento de alto impacto; ii) insuficientes condiciones para la cooperación entre los sectores productivo, público y privado en la identificación, demanda y apropiación del conocimiento y la tecnología; iii) la baja actividad innovadora y de emprendimiento en el aparato productivo; iv) debilidades en el marco de gobernanza de la CTI y v) un rezago en la infraestructura para la investigación.

Hoy deberíamos ser potencia en agroindustria, en océanos, en tecnologías convergentes, en manufacturas, en industrias 4.0 y en desarrollo sostenible. Lo tenemos todo, podríamos estar a la vanguardia, como lo estuvieron Mutis y sus discípulos, pero otros se nos han adelantado. Por eso hoy queremos acelerar esas oportunidades irrepetibles para ganar mayor espacio en el mundo.

Es claro que el país está en mora de poner a la ciencia en el centro de sus estrategias de desarrollo. Y eso es lo que ha reiterado el Presidente Duque a todos los funcionarios del Gobierno, por eso el Pacto por la Ciencia, la Tecnología y la Innovación es una prioridad en el Plan de Desarrollo que se le presentó al Congreso.

Asimismo, m aterializar la apropiación social del conocimiento, concepto impulsado en la Misión de 1994, y que Gabriel García Márquez resumía señalando que “la ciencia y la tecnología debían ser parte de la canasta familiar”.

La Misión Internacional de Sabios 2019

Este es el contexto bajo el que surge la Misión de Sabios de 2019. En medio de oportunidades de transformación institucional, en un mundo de datos, frente a los retos del trabajo en la era de la automatización y en el que, parafraseando a Yuval Noah Harari, tendremos que reinventarnos con una mayor frecuencia, porque no es solo la sociedad y el sector productivo, es la misma humanidad la que está cambiando.

Por eso hoy le estamos presentando al país una propuesta ambiciosa que nos ayudará a trazar la ruta para dar el salto en los próximos años. La iniciativa tiene tres elementos distintivos frente a otros ejercicios similares que se hayan realizado en Colombia.

Un primer elemento que diferencia a esta Misión de las anteriores es que hemos invitado a participar a un grupo de expertos internacionales en diversas áreas del conocimiento, empezando por quien ejercerá la Secretaría Técnica, Cristina Garmendia, ex ministra de Ciencia e Innovación de España, a quien agradezco por aceptar mi invitación a acompañarnos en esta tarea, luego de participar juntos en un evento con nuestro amigo Manuel Elkin Patarroyo, quien lamentablemente no nos acompañó en esta oportunidad. Sabemos que en otros lugares del mundo han enfrentado y sorteado con éxito retos similares. Lo hacemos así porque creemos firmemente en la cuestión planteada por Kipling: “¿Qué puede saber de Inglaterra quien solo a Inglaterra conoce?”.

Un segundo elemento tiene que ver con la participación de Universidades en este proceso. Diez instituciones de educación superior del país, todas acreditadas, de todas las regiones, han sido llamadas a aportar con su conocimiento y grupos de investigación en cada uno de los grupos. Ellos no solo se beneficiarán de intercambiar ideas con estos intelectuales, también serán prenda de garantía para el éxito del proyecto.

Sin lugar a dudas, este será un semillero de investigación de largo plazo de las ocho áreas que hemos seleccionado y que ya les hemos presentado a ustedes. Por ello les hemos solicitado que, además de la Secretaría Técnica, asignen un grupo de estudiantes e investigadores como colaboradores de la Misión.

Finalmente, la tercera innovación viene dada por el hecho de que en esta ocasión se amplió el alcance de los temas. Tendremos grupos de expertos en ocho áreas del conocimiento, quienes ayudarán a trazar la ruta para el avance de la ciencia y la tecnología.

Estas áreas han sido priorizadas en nuestro Pacto por la Ciencia, la Tecnología y la Innovación y obedecen a grandes apuestas del país para brindar soluciones a los desafíos sociales y productivos. En cada una de estas áreas participará el sector privado con sus aportes e ideas.

Esperamos en nueve meses contar con una hoja de ruta para la consolidación de capacidades de generación de conocimiento que le permitan a Colombia mejores estándares de desarrollo económico y social, y proponer un esquema que comprometa al sector público, la academia, los empresarios y la sociedad en el avance de las recomendaciones planteadas.

Principios para los miembros de la nueva Misión

Evidentemente, el prestigio científico e intelectual de los convocados fue el principal criterio para la selección de los candidatos. Por ello y por su vocación de servicio están en el foco del país.

En la tarea de los próximos nueves meses, los miembros de la Misión de Sabios se deben acoger a dos grandes principios. El primero de ellos tiene que ver con los contratos y las próximas generaciones. Aquí quiero hacer énfasis en las famosas Reflexiones sobre la Revolución Francesa de Edmund Burke.

Burke reconoció que la sociedad es un contrato, pero no cualquier contrato. Es un contrato entre los vivos, lógicamente. También es un contrato entre los vivos y los que ya están muertos. Y, especialmente, es un contrato entre los vivos y los que todavía no han nacido.

Es decir, que, así como las decisiones que tomamos hoy están conectadas con 200 años de vicisitudes institucionales, que nos congregan en este auditorio, también deben contemplar el alcance sobre las próximas generaciones. La tarea que ustedes van a desarrollar no es para el Presidente, la Vicepresidente, los ministros o sus universidades y centros de investigación. Su responsabilidad es con los niños que nos han recibido en este espacio, con las familias de ellos y con los que vienen después de ellos. Ese es el contrato que hoy les invitamos a firmar.

El segundo principio consiste en defender el interés general. Ustedes actuarán cumpliendo una función de Estado, en nombre de la nación entera y siempre más allá de cualquier interés particular.

Conclusión

Este Gobierno está comprometido con hacer trasformaciones fundamentales que generen valor social y riqueza, que llegue a los hogares de Colombia, sobre los pilares del emprendimiento, la legalidad y la equidad. Nuestro Pacto por Colombia, nuestro pacto por la equidad, arropa a todos los ciudadanos y no puede haber una verdadera equidad si no tenemos acceso a la educación y al conocimiento por parte de todos nuestros niños, como iguales.

Igualdad que se busca en un país en el que se perpetúan una serie de desarreglos que le imponen una carga a nuestras transformaciones, como el empeño de los de terroristas en mantenernos mirando a un pasado de temores, bajo el ruido de fúsiles, con narcotráfico e ilegalidad y con eternas disputas que nos dividen. Además, las dificultades de acceso a una educación superior de calidad para todos nuestros jóvenes profundizan las brechas entre ricos y pobres y entre la periferia y las grandes ciudades.

En medio de estas vicisitudes, queremos que el pueblo colombiano, amigos de todo el mundo, científicos, empresarios y universidades, se motiven para a llevar a buen puerto este ejercicio prospectivo. Que este esfuerzo nos permita comprender los pasos que debemos dar de cara a los retos del Siglo XXI. Y a partir de la gran riqueza de nuestra historia, inspirarnos a dar un salto que nos convierta en una verdadera economía del conocimiento.

Muchas gracias a los miembros de la Misión, a empresarios, universidades, gremios, embajadas, colegio máximo de las academias, entidades del Gobierno y muy especialmente a usted, Presidente Iván Duque, por su inspiración, liderazgo y convicción por pensar en una Colombia con un futuro grande, próspero y esperanzador. 

Y gracias Presidente por hacerme este encargo que me llena de orgullo, junto con la Ministra de educación, la directora de Planeación Nacional y el Director de Colciencias hemos asumido este reto con un gran entusiasmo. Estamos seguros que esta Misión marcará una época, así como lo hizo la Expedición Botánica.


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